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La dignidad de los revolucionarios

  • Foto del escritor: Pavel Palenzuela
    Pavel Palenzuela
  • 5 sept 2022
  • 6 Min. de lectura

Agosto 21, 2022



Se ven mucho por estos días comentarios en redes sociales de personas afines al régimen cubano diciendo que no tienen “esto” (algo material generalmente) ni aquello pero tienen dignidad.


A ver, vamos a empezar por lo primero. ¿Qué es la dignidad?


Según el diccionario Oxford, la dignidad “es la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden”.


Bueno, parece que los “revolucionarios” no tienen bien claro el concepto, según veo. Pero vamos por partes.


Es la cualidad del que se hace valer como persona”. ¿Qué cubano que defienda el sistema se hace valer como persona? Si el salario no te da para vivir mínimamente, si la corriente te la quitan por varias horas al día (y la noche), si no hay un mercado donde encontrar alimentos variados -y sin hacer cola-, si no puedes ir a un hotel o un restaurant en tu propio país (porque cuesta el salario de 6 meses, o más), si de un día para otro te cambian la tasa de cambio monetaria y te quitan el 75 % de tu poder adquisitivo, si el día que te jubiles no vas a tener ni donde caerte muerto… ¿qué haces defendiendo a esa gente, mi socio? Es como una mujer a la que el marido le ha caído a palos 200 veces pero ella sigue diciendo que él lo va a hacer bien la próxima vez. Y como es lógico, defender a su abusador le va a costar la vida.


Pero sigamos, “se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás”. ¿Qué responsabilidad puede haber en alguien que viendo que su vida se le ha ido defendiendo un sistema que solo ha quebrado económicamente a su país, aún así siga defendiendo al partido en el poder?¿Qué seriedad puede haber en personas que viviendo de lo que les envía su familiar “de afuera” siguen gritando consignas vacías y adorando a los culpables de que ese hijo, primo o tía viva lejos de su familia y de la tierra que le vio nacer?¿Qué respeto hacia sí mismos puede tener gente que en los 80 tiraron piedras y huevos a personas que solo querían vivir una vida mejor y que luego le hacen coro al gobierno apoyando la inversión extranjera directa de esos exiliados?


Ninguna, por supuesto.


Después de todos estos años ellos siguen creyendo el “cuento de la buena pipa”, gritando en marchas y actos de repudio, y vociferando en redes sociales. En fin, permitiendo a sus “jefes” que los humillen y los degraden.


Pero por qué -después de tantas penurias y “rectificaciones que no rectifican nada” los revolucionarios siguen siendo revolucionarios? ¿Acaso son gente ciega y sin cerebro incapaces de ver la realidad que les rodea? Es más complejo que eso.

El hombre es un animal de costumbres, y desaprender los malos hábitos sembrados por ese sistema siniestro no es algo fácil, sobre todo para los ya peinan canas.


Cierto es que mucha de la gente que aún defiende “aquello” lo hace solamente porque se beneficia materialmente de ello. Podemos incluír ahí (aunque siempre con sus excepciones) a dirigentes, policías, militares, chivatientes, ciberclarias, etc. Pero ese grupo no representa ni el 30 % de toda la gente que aún cree en el “proceso revolucionario”. Cuba está llena de viejitos, jubilados, y pueblo llano en general, que aún creen que la “revolución” hay que defenderla, un pueblo convaleciente de Síndrome de Estocolmo que aunque no ve la luz al final del túnel sigue defendiendo “lo mismo con lo mismo”.


Y ese es, en mi opinión, el neutrón que hace falta para alcanzar la masa crítica, el contrapeso que cambia la forma de la balanza del poder.


En su mayoría son gente decente, que ha trabajado duro toda su vida y nunca ha visto fruto alguno. Cubanos que fueron engañados por los discursos altruístas y las constantes consignas. Gente a la que su orgullo no les permite reconocer que se equivocaron.


Y es que la “revolución” tiene los días contados. Esa generación desaparecerá, naturalmente, y le sobrevivirá otra bien dañada, sí, pero que nada tiene que ver con la vieja guardia y su baba improductiva. La historia los llamará “la generación engañada”, y los culparán de no haber hecho nada para tener un país mejor, de no haber detenido la destrucción sistemática a la que la dictadura ha sometido a cada infraestructura o industria cubana, y de haber permitido que el país tenga una deuda gigantesca (que solo ha llenado los corruptos bolsillos de esas guayaberas obesas) y una balanza comercial insostenible.


Hoy Cuba se desangra generacionalmente. Sus jóvenes se marchan dejando atrás un pueblo indefenso, lleno de penurias, y a merced de una dictadura despiadada capaz de todo por mantener su poder. Día a día vemos cubanos sonando sus calderos y marchando pacíficamente en la oscuridad de sus calles, pidiendo libertad y una vida mejor, sin tantas carencias.


¿Y cuál ha sido la respuesta del poder? Pues la misma de siempre: reprimir, golpear, encarcelar. El gobierno tiene cero disposición a dialogar con su pueblo. Ellos saben que no pueden hacerlo, escuchar al pueblo sería tener que reconocer públicamente que son unos ineptos, buenos para nada, que lo único que saben hacer bien es destruir y reprimir las libertades de cada persona que desea una vida mejor.


Y es que los cubanos solo quieren VIVIR: descansar la noche, trabajar y ganar su dinero dignamente, poder comprar sus alimentos en un mercado, tomarse una cerveza por la tarde, y comprarle un juguete o un chocolate a sus hijos (todos lujos en la Cuba de hoy). Politizar ese deseo natural de felicidad es una total vileza. Criminalizar esto es simplemente inhumano.


Me viene ahora a la mente aquella frase del Maestro “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.” Siempre con tanta luz nuestro Martí.


Y es que en ese mismo artículo ("Maestros ambulantes") nuestro Apóstol lo deja bien claro cuando dice: “Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la Libertad, como viven en el goce del aire y de la luz.”


Somos un pueblo encadenado y subyugado por los apoderados de la más antigua filial caribeña del totalitarismo internacional. Sesenta y tres largos años han pasado desde que un hombre decidiera adueñarse de nuestros destinos. Generaciones enteras de cubanos han muerto esperando ver un cambio positivo y solo han visto destrucción y separación familiar. Este largo secuestro tiene que terminar.


¿Pero cuándo?¿Cuándo terminará nuestra agonía?¿Cuándo nos libraremos de esta maldición? Pues ese momento está cada vez más cerca.


En este momento la dictadura se debate entre gastarse el dinero en comprar petróleo para las termoeléctricas o en financiar los grupos de respuesta rápida. De momento estos últimos les salen más baratos, pero si cada pueblo decide salir a reclamar sus derechos ya la cosa será diferente. No hay patrulla pa tanta gente.


Es por eso que ya volvemos a ver (como en los días posteriores al 11J) al gobierno armando a sus seguidores con palos, piedras, y por supuesto, armas. La cúpula de poder no quiere manchar su “reputación internacional” mostrando a su ejército atacando a un pueblo desarmado, prefieren mostrarlo como un enfrentamiento de opositores y partidarios.


Pues se está acercando el momento más importante en la vida de esos “revolucionarios dignos” de los que hablé antes. Tendrán que escoger entre caerle a palos a su vecino, a su hermano, a su nieto; o ponerse del lado correcto de la historia y marchar junto a sus familias para que termine de una vez y por todas el infierno de vida que ha sido impuesto sobre los cubanos todos. Deberán escoger entre el orgullo vano que les ha sembrado la dictadura con su propaganda y su trabajo político-ideológico, o el amor fraternal que hizo a tantos hombres dar su vida por la libertad de su gente en las guerras de independencia del siglo XIX.


No será fácil, el daño es mucho y muy profundo, pero si de algo tiene que resurgir nuestra nación es del amor que cada cubano siente por su familia, por sus hermanos cubanos, y por la libertad. El legado martiano espera ahí por que los cubanos de bien -luego de haber sufrido la más larga dictadura de occidente- lo asuman como la estrella a la cual atar su carro, y construyan la nación que todos queremos “con TODOS y para el bien de TODOS”.


Ya es hora.


 
 
 

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