Negocio Redondo
- Pavel Palenzuela
- 5 sept 2022
- 7 Min. de lectura
Diciembre 8, 2021

Me decía una vez un tío revolucionario al que quiero y admiro: “cuando quieras una explicación simplemente sigue la ruta del dinero.”
En aquel momento -hace ya unos 6 o 7 años- no entendí del todo lo que trataba de decirme. Hoy, con un poco más de encontronazos y camino recorrido, me doy cuenta de que tenía muchísima razón. Y aunque esto aplica para todo el globo, me gustaría centrarme en ese espacio de tierra que me vio nacer: nuestra Patria cubana.
Aún sin demasiados recursos naturales, nuestra isla siempre ha sido centro de atención de muchos. Primero los españoles la usaron de base principal de su flota, luego los americanos instalaron allí sus ingenios, sus carboneras, sus casinos. Y es que ciertamente estar en el medio del caribe -y a menos de 100 millas de la primera potencia mundial- debería ser una ventaja económica absoluta. Desgraciadamente, esto -y nuestra arrogancia eterna- han sido nuestros peores enemigos.
Cuba es esa muchacha linda de la que todos se aprovechan y que, a la larga, es solo una señora maltratada de quien todos sienten lástima. Las malas decisiones y esa tóxica atracción por los “hombres fuertes” han llevado a nuestro país por caminos tortuosos, provocando la huída de gran parte de sus hijos.
La entrada al poder de Fidel en el 59 fue para muchos una esperanza. Él -que había sido ortodoxo y no comunista- prometía un futuro de prosperidad para la isla, una democracia con crecimiento económico y beneficios sociales. Pero nada más lejos de la verdad.
Su verdadera intención -que algunos que lo conocían bien sí pudieron prever- era establecerse en el poder y ser el nuevo hombre fuerte de Cuba, por los siglos de los siglos. Viendo que EEUU no tenía intención alguna de apoyarlo en su siniestro plan, acudió a su enemigo antagónico, la Unión Soviética, para -con suficiente respaldo económico- implantar su régimen totalitario, establecer su sistema propagandístico, y modernizar su industria militar y su aparato represivo.
Imagínense, para la URSS aquello fue “en bandeja de plata”, así que Moscú le abrió las puertas y de paso lo usó para presionar a los americanos con la crisis de los misiles (de Octubre), y así quitarse de arriba los cohetes que EEUU tenía en Turquía.
Y con esa jugada maestra (que aunque se quejó con Jrushchov le salió perfecta) se aseguró de que ninguna potencia occidental tomara cartas en el asunto cubano. Desde ese momento el pueblo cubano ha estado -básicamente- solo. Pero ahí no quedó todo.
Con el tejido empresarial completamente nacionalizado, los opositores políticos fusilados, desterrados o presos, la URSS comprando el azúcar a varias veces su precio, se dispuso entonces a solidificar los mecanismos de poder, el verdadero músculo del sistema.
Planes y planes megalómanos llegaron, todos fracasaron. La falta de organización y sobre todo la corrupción no permitían que proyecto alguno llegara a concretarse. Desvío de materiales, tareas a capricho, edificios recién inaugurados con filtraciones en la primera semana. Nada funcionaba.
Pero poco importaba. Ahí estaba la URSS para pagar los platos rotos, y si no era suficiente, pues siempre nos quedaba, ta ta ta tan… “el bloqueo”.
Y quiero aclarar algo aquí, el embargo norteamericano sanciona a quienes comercien con el gobierno cubano, no con el pueblo cubano. Ellos bien hubieran podido -desde hace rato- permitir que pequeñas (y no tan pequeñas) empresas privadas cubanas comerciaran con empresas norteamericanas, y cobrarles impuestos, como sucede en todo el mundo. Pero no, ceder una pequeña cuota de poder les parece mucho. Como siempre, “to pa mi y na pa nadie”.
Cuando se les cayó el campo socialista en los 90 no dudaron en estafar familias enteras con las casas del oro y la plata (cambiando oro por espejitos), legalizaron el dólar (ese por el que tanta gente fue presa), y llenaron Cuba de hoteles a los que los cubanos -de Cuba- no podían entrar (esto lo vi con mis propios ojos).
Y así han pasado ya más de 60 años en esta agonía. Y nada, no pasa nada. A nadie le importa. Europa sabe que una Cuba libre se abriría al capital norteamericano y los dejaría al campo, sin vacaciones de invierno baratas y playitas calientes -eso sin contar el otro montón de negocios que tienen con la dictadura-. Los rusos también felices con sus vacaciones en Varadero y contentos de conservar su punta de lanza a 90 millas del “imperio”, y los chinos -quizás un poco más cautelosos- pero también entrenando a los equipos antidisturbios cubanos y usando su vieja táctica de “te vendo a plazo y cuando no puedes pagar te lo embargo” (que no creo les funcione muy bien con los castristas).
Nada, que el jueguito de la “revolución” da tremendo billete. Mientras las familias en el poder se benefician de cada negocio que se hace allí (o con el estado cubano en cualquier parte del mundo), los gastos en que incurre el estado son infinitamente menores. Es el clásico feudalismo con los señores en los castillos y los siervos viviendo en chozas. Hoteles, rentas de carros, compras millonarias de insumos, ayudas al desarrollo recibidas, eventos internacionales, donaciones por desastres naturales, ni un centavo se les escapa.
Y todo ese dinero va a parar a sus cuentas millonarias en el exterior, a comprar propiedades (mansiones, yates, compañías) por todo el mundo. Todo un entramado criminal protege sus activos y a sus familias (testaferros, escoltas, infiltrados en gobiernos extranjeros). El dinero de todos los cubanos (el que les ha sido arrebatado) es usado para los más disímiles -y oscuros- propósitos: financiar partidos de izquierda por todo el mundo, armar guerrillas en Latinoamérica, infiltrar agentes en los EEUU; es una fortuna lo que se gasta solo en expandir los tentáculos del comunismo, y todo ese capital viene de la negación de oportunidades a los cubanos, de privarlos de la prosperidad, de arrebatarles su libertad económica.
Siempre que la olla ha estado a punto explotar simplemente abren una válvula. Camarioca, el Mariel, los balseros, Ecuador, Panamá, Rusia, Nicaragua; dejan salir el vapor social y con eso de paso infiltran sus agentes por todo el mundo. Esto no es nada que yo esté inventando, en una lavandería en Ecuador coincidí personalmente con un mete-golpes que la dictadura cubana envió para golpear a los opositores del Correa en las marchas. Y bueno, como los cubanos normalmente tomamos nuestra ruta hacia el norte “revuelto y brutal”, pues de paso le crean un “San Juan alumbrao” a los americanos en sus fronteras, y les derriten el bolsillo.
Y este es quizás el principal mecanismo de sustento del sistema: la migración sostenida. Te instruimos, te empobrecemos, te machacamos, te dejamos irte (a ti solo, porque el dinero ahorrado no alcanza pa tanta gente), y cuando vienes de visita -con el dinero del enemigo- puedes comprarte todo el ron y las mujeres que quieras, rentar carros buenos, ir a hoteles y darte la vida que te robamos antes de irte. Y si no quieres venir de visita, no importa, puedes ayudar a tu familia que bastante se sacrificó por ti.
Es un horror.
Infinitos recursos se destinan a eso: artistas pseudo-contestatarios que resultan ser segurosos ejerciendo como agentes de influencia, activos de la inteligencia infiltrados por todo Latinoamérica -y más allá- moviendo fichas para lograr gobiernos de izquierda que establezcan libres visados y contraten brigadas médicas; becas para miembros de juventudes comunistas que puedan actuar como agentes políticos en el futuro, prófugos de la justicia internacional alojados en casas de protocolo o residiendo permanentemente en Cuba bajo el amparo de las autoridades. Y muchísimo más.
Claramente -y para pesar de los cubanos todos- la revolución cubana se ha convertido en todo lo que prometió destruir: pobreza generalizada, malnutrición, clases sociales abismalmente separadas, mala educación, sistema de salud deficiente, barrios marginales, prostitución, escasez, industria ineficiente, vivienda deficiente e insegura, infraestructura destruida.
Hoy Cuba es un país sostenido por remesas familiares (de EEUU y Europa principalmente) y cubanos emigrados que hacen turismo en su propio país, mayormente. El resto del dinero viene de exportar capital humano (cubanos que en su mayoría se separan de sus familias por varios años para poder hacer un dinero extra que les permita tener una casita y 4 electrodomésticos a su regreso), y alguna que otra industria sobreviviente del período republicano (tabaco, ron… y ya ni azúcar).
A excepción de ese pequeño grupo de fanáticos monoteístas cuyo dios se hace llamar Fidel (los mal llamados “revolucionarios”), y de los que detentan el poder; el resto de los cubanos viven excluidos de cualquier participación ciudadana, muchos alejados de su tierra y sus familias, todos sufriendo las consecuencias de decenas de años de malas políticas, abusos y engaños.
Pero… ¿Me permiten compartirles mi opinión muy particular? Este es el karma que nos toca vivir como pueblo.
El día que aprendamos que podemos tener diferente criterio y aún así respetarnos, ese día se acaba la dictadura. Cuando en vez de buscar protagonismo y beneficio personal asumamos con humildad que la tarea de la libertad de Cuba está por encima de toda vanidad, ese día ya habremos ganado.
Todos los cubanos de bien queremos una Cuba mejor. Es fundamental apartar toda ideología o credo político y trabajar en conjunto para lograr una Cuba democrática, en la que sea el pueblo con su voto quien decida cada cierto tiempo el destino que quiere darle a su país.
Martí, Maceo, Gómez, Calixto, Céspedes, Agramonte, ninguno pensaba igual. Muchísimas fueron las ocasiones en que incluso se llegaron a discusiones bien acaloradas. Pero todos tenían claro que la libertad de la Patria estaba por encima de cualquier diferencia.
Tenemos mucho que aprender de nuestros héroes todavía.
Tengo fe en que una vez que hayamos logrado liberarnos de nuestros opresores disfrutaremos tanto el sabor de la democracia que no habrá muchos que decidan optar por defender un sistema cuyo único objetivo es la destrucción del capitalismo. Pero solo el tiempo lo dirá.
Pido a Dios todos los días por la libertad y la prosperidad de nuestro pueblo. Cuando nos corresponda, llegará.




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